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Infraestructura para el desarrollo
Volumen 1, no. 2
Departamento de Infraestructura y Energía del BID
Infrestructura para el desarrollo
Departamento de Infraestructura y Energía del BID.
A través de esta serie de casos de estudio, INE pretende dar a conocer su trabajo en la región,
los problemas que aborda, los retos en la implementación de sus proyectos y las lecciones
aprendidas a partir de los mismos. Cómo encender la luz en Haití fue escrito por Alejandro Tarre,
consultor externo, y Christiaan Gischler Blanco, de la División de Energía, con la colaboración de
Jean-Baptiste Certain, Jeff Lahl y Robert Freling (Solar Electric Light Fund, SELF).
Infraestructura para el desarrollo es una iniciativa dirigida por Tomás Serebrisky, y coordinada
por Maria Cecilia Ramírez y Ancor Suárez-Alemán. INE agradece la colaboración del
Departamento de Conocimiento y Aprendizaje (KNL/KNM), especialmente a Bertha Briceño y
Duval Llaguno.
Las opiniones expresadas en este documento son de los autores y no representan
necesariamente la postura oficial del Banco Interamericano de Desarrollo ni de su
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Detectando el problema: Haití en la oscuridad.
E
l 12 de enero de 2010, Haití padeció
uno de los peores desastres naturales
de su historia: un terremoto de
magnitud 7,0 en la escala de Richter
sacudió al país dejando un saldo de más de
200 mil víctimas.
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El terremoto tuvo efectos devastadores
sobre una infraestructura y servicios que ya
presentaban ciertas deficiencias: provocó
el colapso parcial o total de edificios del
Gobierno como el Palacio Presidencial, y
el principal hospital público de la capital;
inhabilitó caminos, puertos y el principal
aeropuerto; acabó con muchas barriadas
pobres y miles de edificios residenciales;
causó serios daños en los servicios de agua,
electricidad y transporte; y el sistema de
salud pública colapsó. Antes del terremoto
ya muchos hospitales y clínicas no gozaban
de servicios básicos como electricidad. La
tragedia agravó esta situación.
Cuadro I
Datos del programa
Nombre del programa:
Programa de Emergencia para Generación de Energía Solar.
Prestario:
Gobierno de Haití.
Monto:
El BID, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial y el Banco Mundial
contribuyeron cada uno US$1.000.000 para el programa. El BID se
encargó de la ejecución de la mitad de ese fondo (US$1.500.000)
adquiriendo, instalando y manteniendo sistemas fotovoltaicos para dos
campos de refugiados y doce centros de salud.
Fecha de ejecución:
El Programa se ejecutó entre 2011 y 2015. En 2015 fue aprobada una
segunda fase que incorpora muchas de las lecciones aprendidas en la
primera etapa.
Fecha de ejecución:
El programa fue aprobado en 2010 y se ejecutó entre 2011 y 2013.
Lugares de implementación:
Centros de salud: Chantal, Saint Jean, Tiburon, Chardonnieres, Les Anglais,
Port-à-Piment, Damassin, Coteaux, Roche-à-Bateaux, Cote de Fer, Randel
e Ile-à-Vache.
Campos de refugiados: Puerto Príncipe.
Organismo ejecutor del programa:
La organización no gubernamental SELF (Solar Electric Light Fund).
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Las pérdidas materiales ascendieron a
casi 8.000 millones de dólares, una cifra
mayor que el Producto Interno Bruto
histórico del país. Alrededor de 1,5 millones
de personas fueron damnificadas y
muchas de ellas se vieron forzadas a vivir
en campos de refugiados que brotaron
por el país. En estos campos reinaba la
desconfianza y la inseguridad. La falta de
electricidad, por ejemplo, contribuyó a que
se hicieran frecuentes los abusos sexuales a
las mujeres en las noches.
Las causas de esta crisis son evidentes.
Haití cuenta con una gran red eléctrica
nacional conectada a varias redes regionales.
El problema es que el servicio de estas redes
es pobre e ineficiente, y abarca apenas a
un porcentaje pequeño de la población,
concentrado en las zonas urbanas. Haití
es además altamente dependiente de
combustibles no sostenibles, sobre
todo el diésel y el petróleo pesado. Esta
dependencia tiene impactos negativos
económicos, sociales y ambientales.
Aún antes del terremoto, millones de
haitianos ya vivían en la oscuridad. La
amplia mayoría de la población —entre el
65 y el 75%— no tenía acceso a electricidad.
Actualmente en Haití, 7 de los 10 millones
de habitantes no cuentan con este servicio.
La solución ideal sería mejorar el
servicio y ampliar la cobertura a través
de una expansión de la red nacional.
Pero la infraestructura eléctrica de Haití
se caracteriza por su alto costo, baja
fiabilidad, deficientes operaciones y
falta de mantenimiento. La ineficiencia
administrativa y la escasa capacidad
de recaudación, sumados al robo de
electricidad y fraude, son sólo algunos de
los problemas que afectan a la compañía
pública nacional Electricité d’Haïti (EdH),
que tiene el monopolio sobre la electricidad.
En la capital del país, Puerto Príncipe, el
acceso es más alto, pero en las zonas rurales
es casi inexistente. Incluso entre los que tienen
acceso, el servicio eléctrico sólo funciona
entre cinco y nueve horas diarias en promedio.
Lamentablemente esta situación no ha
mejorado en mucho tiempo. Mientras otros
países en desarrollo han logrado expandir
rápidamente su cobertura eléctrica, Haití
consume menos electricidad hoy que hace
tres décadas.
Cómo se decidió abordar este problema.
Ante la emergencia causada por el terremoto, el Banco Interamericano de Desarrollo se alió
con el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, por sus siglas en inglés) y el Banco
Mundial en 2010 para crear un fondo para proveer electricidad a Haití durante la crisis. Cada
institución hizo una contribución de un millón de dólares. Entre 2011 y 2013, el BID se encargó
de la ejecución de la mitad de ese fondo adquiriendo, instalando y operando sistemas
fotovoltaicos —sistemas que convierten la energía solar en electricidad.
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Con este proyecto, el BID se propuso proveer la asistencia técnica necesaria para desarrollar
proyectos de electrificacion en clínicas rurales y campos de refugiados.
Los recursos del primer componente del programa fueron destinados a la compra e
instalación de 100 lámparas solares en dos campos de refugiados en Puerto Príncipe (el
Campo Caradeux con 63 lámparas y el Campo Petionville con 37).
Con fondos del segundo componente, se adquirieron e instalaron sistemas fotovoltaicos
para 12 centros de salud en la región sur del país. Las poblaciones beneficiadas fueron: Chantal,
Saint Jean, Tiburon, Chardonnieres, Les Anglais, Port-à-Piment, Damassin, Coteaux, Roche-àBateaux, Cote de Fer, Ile-à-Vache y Randel.
La implementación de este programa de energía solar ha abierto nuevas avenidas de acción
en Haití. Que se haya logrado electrificar de esta manera los campos y las clínicas implica que
este modelo podría replicarse en otros lugares, incluyendo pequeñas comunidades. De hecho,
iniciativas similares podrían ayudar a ampliar la cobertura eléctrica del país.
Los retos de la implementación.
A través de un proceso competitivo,
se seleccionó una organización no
gubernamental (ONG) con amplia
experiencia trabajando con sistemas solares
en Haití y otros países, para trabajar como
Unidad Ejecutora (UE) del proyecto.
Con este proyecto el BID
se propuso complementar
los esfuerzos de EdH para
ampliar la red nacional con
proyectos locales que no
dependen de la expansión
de la red y utilizan fuentes
de energía autónomas,
sostenibles y de bajo costo.
Cada componente tuvo retos de
implementación particulares, pero también
hubo algunos denominadores comunes.
El problema de acceso.
Instalar los sistemas solares fotovoltaicos
en los 12 centros de salud no fue una
labor complicada. Lo difícil fue llevar los
equipos —los paneles, las baterías, los
transformadores, los cables— a los lugares
donde están ubicados los centros.
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En algunos sitios, no había caminos
o carreteras; la poca infraestructura de
transporte existente fue dañada o destruida
por el terremoto. Para poder movilizar los
sistemas fotovoltaicos, se debían escoger
bien las rutas, estudiar las condiciones
climáticas y asegurar que los vehículos a
utilizar estaban en perfectas condiciones.
El caso de Île-à-Vache es un ejemplo
ilustrativo. Para llegar a esta isla, ubicada
al sur del país, las únicas embarcaciones
disponibles son pequeñas y poco
sofisticadas, mientras que los equipos
y baterías del programa son pesados y
relativamente frágiles. Para resolver este
problema se buscó la colaboración del
Programa de Naciones Unidas para el
Medio Ambiente (PNUMA), que tiene una
fuerte presencia en el sur de Haití, para
facilitar dos helicópteros para transportar
los equipos a Île-à-Vache.
La dificultad de acceso no sólo complicó
la labor inicial de transporte de los equipos,
sino todas las etapas de implementación
del proyecto. La labor de mantenimiento,
por ejemplo, requiere de visitas periódicas
de técnicos a los centros de salud, y la falta
de vías adecuadas continúa dificultando
estas visitas. Para afrontar esta dificultad, se
adquirieron motocicletas adecuadas para
circular en zonas escarpadas e irregulares.
Un problema adicional fueron las
tormentas. En un centro de salud en
Chantal, se instalaron los sistemas solares
en plena temporada de lluvia. Para
transportar los equipos había que atravesar
un pequeño río con un vehículo 4x4. Pero
cuando llovía, la marea subía y no se podía
cruzar hasta que el nivel del agua bajara.
La lluvia también fue un problema para
la instalación de las lámparas solares en
los campos de refugiados. No era fácil
mover postes de hierro de 300 kilogramos
y seis metros de largo a través de terrenos
llenos de barro. Para facilitar este trabajo
se tuvo que contratar más personal, así
como máquinas y equipos que ayudaran a
despejar el terreno.
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Gobernanza en Haití.
Uno de los principales retos fue lidiar
con los problemas de gobernanza. En
algunos centros de salud, no había una
clara autoridad con quien establecer una
relación de trabajo. En teoría, los centros
de salud están bajo la autoridad del
Ministerio de Salud, pero unos cuantos
son administrados por la Iglesia Católica.
A veces era difícil saber qué decisiones le
correspondían a cada actor involucrado.
De modo que con frecuencia se trabajaba
con múltiples autoridades que no siempre
tienen los mismos intereses.
Otro problema relacionado fue la falta
de coordinación. Por ejemplo, los sistemas
solares en los centros de salud fueron
diseñados en base a un estimado del uso de
energía en cada centro. Pero ¿qué pasa si
otra organización dona equipos sofisticados
a una clínica donde ya se instalaron los
sistemas fotovoltaicos? Lo más probable
es que el consumo de energía aumente, y
se necesiten más paneles solares. En estos
casos se hacía evidente la falta de una
instancia de coordinación entre los diversos
actores involucrados.
El enfoque que utilizó
el BID abrió las puertas
a otras maneras de hacer
sostenibles este tipo
de programa y lidiar de
manera inteligente con los
problemas de gobernanza.
Además, los cambios de personal en la
burocracia gubernamental dificultaban la
labor del proyecto. El equipo de la UE forjó
relaciones productivas con funcionarios
que luego fueron cambiados por otros
funcionarios con poco conocimiento del
trabajo ya hecho.
Finalmente, la falta de recursos que
aqueja al gobierno de Haití complica los
planes de traspasarle exitosamente la
operación y mantenimiento de los centros.
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Los resultados.
Campos de refugiados.
Fueron tres los principales beneficios de la
instalación de las 100 lámparas en los dos
campos de refugiados. El primero y más
importante fue la mejora en la seguridad.
Antes de la instalación de las lámparas,
los ataques sexuales a las mujeres eran
frecuentes. Ocurrían sobre todo en las
noches, cuando las víctimas iban al baño
en la oscuridad. El problema era tan grave
que algunas mujeres preferían hacer sus
necesidades cerca del lugar donde dormían
para no exponerse a la posibilidad de un
ataque. Las lámparas redujeron el número
de violaciones en las noches y también la
inseguridad en general.
En segundo lugar, las lámparas
contribuyeron a una mayor cohesión
social. En los campos de refugiados reina la
desconfianza, y la necesidad de sobrevivir
muchas veces se convierte en un juego
de suma cero. Parte del problema es que
sobrevivir no deja tiempo para mucho
más y entonces es difícil forjar los vínculos
El aumento de las actividades
económicas en las noches fue
igualmente positivo.
No era raro que poco
después de instalar las
lámparas surgieran negocios
alrededor de ellas, sobre
todo ventas de comida.
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sociales que en cualquier comunidad
son indispensables para que existan
dinámicas de colaboración y ayuda mutua.
Las lámparas permitieron crear espacios
para la socialización, lo cual contribuyó
a la formación de nuevas relaciones y al
fortalecimiento de las ya existentes.
El aumento de las actividades económicas
en las noches fue igualmente positivo. No
era raro que poco después de instalar las
lámparas surgieran negocios alrededor de
ellas, sobre todo ventas de comida.
Centros de salud.
Los beneficios de los centros de
salud fueron tan evidentes como
los de los campos de refugiados. La
cantidad y calidad de los servicios
mejoró significativamente después de la
instalación de los sistemas fotovoltaicos.
En las noches ahora se prestan servicios
de emergencia y maternidad, así como
servicios de atención general al paciente
sin depender de costosos generadores o
precarias lámparas de kerosén. En el día,
los pacientes tienen acceso a laboratorios
y otros servicios avanzados a los que no
se puede acceder sin una fuente fiable de
electricidad. En algunos centros existe
ahora la capacidad de hacer un registro
de las patologías de los pacientes, usando
bases de datos electrónicas. Y en otros
centros hay refrigeradores conectados a
los sistemas fotovoltaicos, lo cual permite
almacenar y preservar vacunas.
Nuevos programas.
Como resultado del éxito del programa,
el BID y otras organizaciones han unido
esfuerzos para llevar adelante iniciativas
más ambiciosas. En 2015, el BID y el
Programa de Naciones Unidas para el
Medio Ambiente (UNEP) cofinanciaron
un programa de “micro-redes”, a través
de las cuales se conectan comunidades
a un centro de generación donde hay un
banco de paneles solares, transformadores
y baterías. La fuente de energía puede ser
solar o una combinación de solar y diésel.
El programa contempló la instalación
de una red de aproximadamente 27
kilómetros que une a las comunidades de
Port-a-Piment, Coteaux y Roche-A-Bateau,
así como 1.500 medidores eléctricos
inteligentes, distribuidos entre residencias,
comercios e instituciones públicas. La
micro-red es alimentada por generadores
diésel de 250kW y 140kW de módulos
fotovoltaicos, con aproximadamente 110
kW siendo financiados por el BID (ver
foto).
Otra mini-red solar financiada
por el BID fue desarrollada por SELF el
mismo año en Feyo Bien, una pequeña
comunidad agrícola en el distrito de
Boucan Carré en el Departamento Central,
con una población de unos pocos cientos
de habitantes. Feyo Bien tiene una
excelente oportunidad de desarrollarse
económicamente mediante el desarrollo
de una micro-red de pequeña escala
de un sistema fotovoltaico 12.5kW, con
1,2 kilómetros de línea de distribución
de electricidad fiable. Las líneas de
distribución en todo el pueblo crean el
potencial para el desarrollo de negocios y
además conectan al menos 50 viviendas,
escuelas e instalaciones religiosas. (ver
foto).
Al invertir en mini-redes solares,
Haití podría aumentar la cobertura de
electricidad, de aproximadamente el 30%
de la población actual, a más del 70% en
el año 2035, con un costo estimado de
US$ 1.100 millones. El enfoque de miniredes solares, incluyendo mini-redes para
las comunidades actualmente no servidas,
representaría aproximadamente un total
de 300 MW de nueva potencia acumulada,
incluyendo un sistema de baterías del
orden de 1500 MWh.
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Las grandes lecciones.
Aprovechar la tecnología y la
descentralización.
Detrás de este proyecto hubo un problema y una oportunidad. El problema era la falta
de acceso a electricidad y la dificultad para solucionarlo a través de una expansión de
la red nacional; en parte debido a los problemas de gobernanza y la falta de recursos e
infraestructura en el país.
La oportunidad eran los sistemas fotovoltaicos. Estos sistemas no sólo son autónomos, ya
que no dependen de la red y se alimentan de la luz solar —un recurso que abunda en Haití.
Son además una fuente de energía renovable cuyo costo es cada vez más bajo.
A esto se debe añadir otro factor: en Haití la ley autoriza a los municipios a planificar,
implementar y administrar la electrificación en su territorio. Los esfuerzos de EdH para
expandir la red nacional se pueden complementar con iniciativas a nivel local que persiguen el
mismo objetivo. Ambos esfuerzos son compatibles ya que los sistemas fotovoltaicos pueden
integrarse eventualmente a la red nacional.
Diseñar los sistemas pensando
en su sostenibilidad.
Tanto en los centros de salud como en los campos de refugiados, el diseño de los sistemas
fotovoltaicos fue esencial para que éstos funcionaran el mayor tiempo posible después de la
instalación.
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Tomando en cuenta los riesgo de vandalismo o robo de los equipos, el diseño de las
lámparas fue antirrobo. Las baterías están en la parte superior del poste. Los paneles están
conectados a la estructura de una manera que hace difícil desarmarla. Para separar las partes
y acceder a los cables se requiere de herramientas especiales que no se venden en Haití.
En los centros de salud, donde el vandalismo también es un problema, se tomaron
consideraciones similares. Los paneles solares, por ejemplo, fueron también diseñados para
que no fueran fáciles de desarmar. Esto dio los resultados esperados: gracias al diseño, el
vandalismo no ha sido un problema en ningunos de los dos componentes del programa.
La sostenibilidad técnica de los sistemas fotovoltaicos es inseparable de la calidad
de las baterías. Para que estos sistemas duren, las baterías deben ser de alta calidad y
larga duración. De lo contrario, éstas se deterioran con rapidez o se dañan y hay que
reemplazarlas con regularidad. También es importante que el equipamiento sea robusto,
capaz de soportar las inclemencias del clima. Por eso el programa adquirió equipos de la
más alta calidad para ambos componentes.
La adopción del proyecto por
parte de la comunidad.
Un proyecto tiene mayores posibilidades
de éxito si las voces de la comunidad son
escuchadas durante las diferentes fases
del diseño y la ejecución. Pero también es
importante que la comunidad entienda que de
ella depende la supervivencia del proyecto.
Para electrificar los centros de salud,
el contacto con las comunidades fue
esencial. Se entrevistó al personal de cada
clínica para determinar sus necesidades
y carencias relacionadas con el servicio
eléctrico. Se les hizo múltiples preguntas
como qué clase de equipos tenían,
qué tipo de situaciones atendían con
más frecuencia, y qué cambios traerían
beneficios a un mayor número de personas.
Estas consideraciones se tomaron en
cuenta en el diseño del proyecto.
Pero también se hizo y se sigue
haciendo un esfuerzo para involucrar
a la comunidad en las labores de
operación y mantenimiento. Se realizó
un entrenamiento a la población local y
se publicaron tres manuales, uno para el
personal encargado de mantener el centro,
otro para los médicos y enfermeras, y otro
para el gerente de electricidad. También
se ha hecho un esfuerzo para enseñarle
al personal qué se puede o no se puede
utilizar con los sistemas solares, una labor
reforzada por los técnicos encargados de
hacer visitas mensuales a cada centro.
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En el caso de los campos de refugiados,
también fue importante el contacto y
la colaboración con la comunidad. Se
organizaron talleres y reuniones para
informar a la población sobre el proyecto y
para discutir temas difíciles como el criterio
utilizado para la colocación de las lámparas
y la contratación de trabajadores.
Implementar un proyecto en un campo
de refugiados tiene una complejidad
especial, porque la gente está bajo una
enorme presión. Debates que son difíciles
en cualquier circunstancia son aún más
difíciles en un lugar donde la gente carece
de servicios básicos, no tiene techo y,
además, ha perdido familiares y amigos.
Informar y hacer partícipe a la comunidad
contribuye a generar confianza, distender
tensiones y reducir las probabilidades de
conflicto.
En este contexto, la comunicación,
transparencia y participación son claves.
El futuro de la energía solar en Haití y el reto de la sostenibilidad.
Desde la primera fase del programa,
la sostenibilidad fue una preocupación
central. Por eso se utilizaron los mejores
equipos con los mejores diseños para
las lámparas solares de los campos de
refugiados y los sistemas fotovoltaicos
de los centros de salud. Por ese mismo
motivo se implementaron programas
de entrenamiento y se incluyó en el
presupuesto el costo de contratar técnicos
para los centros de salud, encargados
de mantener los sistemas y supervisar su
operación durante dos años.
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Pero estas medidas no son suficientes.
Para que un programa como éste sea
realmente sostenible, las autoridades
locales o incluso las mismas comunidades,
deben asumir tarde o tempranolos costos
de operación y mantenimiento.
¿Cómo pueden las comunidades o
gobiernos locales asumir estos costos y
responsabilidades en países donde los
recursos son tan escasos como en Haití?
Una posibilidad para alcanzar esta meta
es buscar mecanismos que permitan que
las mismas comunidades beneficiarias
paguen por el servicio eléctrico. Después
de todo, son las comunidades las que más
valoran tener electricidad en los centros
de salud, escuelas, calles y hogares.
Del mismo modo el BID está
considerando diferentes métodos para
facilitar el pago de electricidad. Uno
posible es a través de teléfonos celulares,
ya que la energía solar tiene un muy bajo
costo y en Haití la cobertura de telefonía
móvil es muy alta.
Otra posibilidad es aumentar la
cobertura de Internet simultáneamente
a la cobertura eléctrica. Si se logra
implementar un sistema de pago en línea,
se podrían aprovechar los recursos de
la diáspora haitiana. Así como muchos
haitianos viviendo en el extranjero envían
remesas a sus familias, muchos también
podrían ayudar a pagar el servicio
eléctrico que reciben sus familiares.
Todas estas posibilidades aún están
siendo analizadas. Pero encontrar
soluciones a los problemas de
sostenibilidad es una meta clave. Si se
logra que las comunidades cubran los
costos de operación y mantenimiento
de estos proyectos, las repercusiones
positivas para Haití serán enormes.
Visita la web
https://www.youtube.com/watch?v=FjCHMJRzso8
para ver un vídeo sobre el Programa
de Emergencia para la Generación de
Energía Solar.
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